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La masturbación femenina

La desconocida masturbación femenina

La masturbación femenina suele ser la gran desconocida, entre las prácticas sexuales. Se habla poco de ella, en comparación con otras prácticas, y no pasa esto, precisamente, porque se practique poco. La masturbación femenina, hacerse un dedo, es una actividad sana y placentera que realiza con regularidad el 90 % de las mujeres. Un 60 % lo hace unas dos o tres veces por semana y un 10 % la practica una vez al día. Y atentos todos: el 40 % de las mujeres prefiere llegar al orgasmo haciéndose un dedo que echando un polvo. Eso dice mucho de la importancia de la masturbación, ¿verdad?

La masturbación femenina

Si es tan común y agradable ¿por qué se habla tan poco de ella? Durante siglos, el autoplacer femenino ha estado mal considerado y se ha visto como algo sucio e inapropiado, lo que quizá pueda explicar lo poco que se tiene en cuenta. Es una actividad íntima y personal y suele realizarse, casi siempre, a solas. No solemos querer hablar de ella. Por lo tanto, muchísimas mujeres la ven como algo que solo hacen ellas, cuando la realidad es muy distinta.

Al tabú se suma que, además, mucha gente piensa que, simplemente, es una cuestión de frotarse la vagina. Es más, muchas personas, contaminadas por la imagen del sexo que nos trae el porno, piensan que las mujeres se masturban intentado hacer un simulacro de follar: metiéndose cosas dentro, sean los dedos, un consolador o cualquier otra cosa. Nada de eso. La inmensa mayoría de las mujeres se excita tocándose el clítoris, que es el centro neurálgico del placer femenino. Tocarse la vagina o introducirse algo puede ser un añadido al tocamiento del clítoris, pero el protagonista casi siempre es “el pequeño botón”.

El clítoris es el punto, pero no está solo

Si el clítoris es el gran protagonista de la masturbación femenina, ¿podemos suponer que todas las mujeres se tocan igual? Ni mucho menos. En contra de lo que se suele pensar, la masturbación tiene muchísimas sutilezas, tanto la femenina como la masculina. Cuando una mujer se hace un dedo, está haciendo mucho más que tocarse el clítoris. Está haciéndose un dedo a su manera. No hay dos mujeres iguales, en la intimidad de sus tocamientos.

Tocarse el clítoris

El simple tocamiento del clítoris ya presenta variaciones, según el deseo y las preferencias de cada mujer. Cuando una se hace un dedo, es frecuente ver que estimula la capucha del clítoris, su prepucio, lo que facilita una menor irritación, ya que es un tejido sensible y delicado. Pero nos encontramos con mujeres que no dudan en tocar, directamente, el botoncito, el glande del clítoris, y, para evitar que se irrite, debe lubricarse, sea con saliva o los propios fluidos vaginales.

No hay consenso. El tocamiento puede hacerse con uno, dos o más dedos. Muchas usan el dedo corazón como guía, apoyado por el índice y anular. A la hora de aplicar presión se mueve la mano en vaivén, muchas veces de arriba abajo; otras, de lado a lado; y, en ocasiones, en círculos. Otras mujeres prefieren no tocar directamente el clítoris, sino que lo sujetan entre dos dedos y aplican un movimiento de tijera abriéndose y cerrándose. Y otras mujeres, por supuesto, cambian entre una y otra modalidad, según van notando la excitación.

La postura durante la masturbación

Si ya solo con el clítoris encontramos tantas variables, ¿qué podríamos decir de la postura? Las combinaciones son interminables. Hay mujeres que gozan con las piernas abiertas, mientras que otras lo hacen con las piernas cerradas. A algunas les gusta boca arriba. A otras, boca abajo e, incluso, a cuatro patas o de pie. Muchas mujeres encuentran especialmente placentero hacerlo en la ducha, enfocando el chorro templadito hacia sus coños y estimulando así el clítoris, con más o menos presión de agua. Hay mujeres que, sin decir nada, disfrutan de noche durmiendo con un cojín entre las piernas y sintiendo el roce y la presión en sus sexos.

Un hecho que parece ser universal, según los estudios, es que las mujeres se masturban de manera “conservadora”. Suelen adoptar una forma preferida, la que, personalmente, más placer les da. La toman como suya y la conservan a lo largo de toda su vida y, prácticamente, sin alterarla. De este modo, lo que una chica de 13, 14 o 16 años empieza a experimentar y encuentra perfecto para ella puede convertirse en su “manera fetiche” y la seguirá hasta la ancianidad. Porque sí, todas las mujeres tienen sexualidad y posibilidad de placer, desde la adolescencia hasta la tercera edad.

Las opciones para innovar

Lo que hemos señalado arriba es absolutamente perfecto, pero ¿por qué no probamos cosas nuevas a la hora de masturbarnos y descubrimos nuevos placeres? Con pocos cambios en la rutina de masturbación, podemos encontrar nuevos placeres ocultos.

Por ejemplo, simplemente, probando nuevas maneras de estimular el clítoris y cambiando la habitual. Si eres de frotarte el capuchón, prueba con “la tijera” de dedos. Si te gusta hacerlo rápido, intenta ponerte a prueba despacito. Si eres de acariciarte suavemente, ¿por qué no experimentas, un día, la intensidad de un buen frote salvaje? Si lo tuyo es hacerlo boca arriba, ponte boca abajo, con la mano bajo el vientre o frotando el clítoris contra la almohada. Si eres de abrirte de piernas, prueba, un día, con las piernas apretadas. Si siempre lo haces vestida, prueba a buscar el placer de tocarte desnuda, de acariciarte por todo tu cuerpo, mientras te haces el dedo. Si nunca has probado de pie, levántate y frótate contra algo. Esto puede hacerse con mucha discreción y puede que encuentres un nuevo morbo en este poder secreto que tienen las mujeres para estimularse el clítoris sin que nadie se dé cuenta. Y, por supuesto, siempre está la opción de acompañar el tocamiento del clítoris con la estimulación vaginal: acariciando los labios o introduciendo los dedos de la otra mano o un consolador.

En definitiva, la masturbación femenina es un universo de placeres que ni debe ser un tabú ni un misterio. No se trata de cantarlo a los cuatro vientos, pero sí de reconocer y disfrutar de la propia sexualidad sin cortapisas. Disfrutemos, toquemos, experimentemos, gocemos y ¡nos corremos!

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