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LAS ETAPAS DEL ENAMORAMIENTO

El amor empieza después de la seducción

Pasado el primer contacto, después de ligar y conseguida la seducción, la pareja se encuentra ahora frente a otra nueva etapa: el enamoramiento. Una etapa en el que el amor es compartido y que, lejos de ser un tiempo de estabilidad, presenta varias etapas de duración variable. Cada etapa del enamoramiento tiene sus características y no siempre salimos bien de ellas. ¿Qué puedes esperar de tu relación de pareja? ¿Existe el amor para siempre? ¿Cómo puedo encontrar pareja?

LAS ETAPAS DEL ENAMORAMIENTO

A la hora de enamorarse, desde el primer “tilín” a la consolidación de la relación, pasando por toda la seducción, encontramos la influencia de dos factores principales: el primero, el bioquímico. Es la llamada “bioquímica del amor”, un conjunto de reacciones emocionales que afecta al cerebro por medio de hormonas y descargas neuronales que alteran nuestro comportamiento, cuando estamos enamorados. El segundo factor es todo el conjunto de elementos de “trasfondo” que traemos: creencias personales, experiencias, necesidades, gustos, etc. Este trasfondo hace que nos fijemos en una persona y no en otra. La interrelación de los dos factores hace que experimentemos el amor.

Y ese amor ¿cómo va evolucionando? ¿Cuáles y cómo son las etapas del enamoramiento?

Las etapas del amor

1. La pasión

Acaba la seducción y la pareja se encuentra de lleno en la fase de pasión del enamoramiento. En esta fase, todo se vive con intensidad. Quieren estar siempre juntos y se sienten totalmente unidos y locos de amor. Es la etapa del fuego, de la sexualidad y del deseo. Solo nos fijamos en lo positivo y solo encontramos puntos en común, sin darnos cuenta de las diferencias ni de los defectos, a los que no prestamos atención. Lo compartimos todo y nos entendemos a la perfección. No hay discusiones porque tememos tenerlas y estropear la magia.

Aumenta nuestro apetito sexual, ya que se induce la producción de hormonas sexuales, como los andrógenos masculinos y estrógenos femeninos. El cerebro produce la feniletilamina, una sustancia que llama a la pasión. La oxitocina y vasopresina nos provocan el deseo de estar junto al otro. Se inhibe la serotonina, una hormona relacionada con la estabilización del estado de ánimo y humor, lo que nos provoca pasión desenfrenada y euforia. Se desactivan regiones del cerebro que trabajan en el funcionamiento lógico y razonamiento. En la etapa de pasión, hay poco sitio para la razón.

2. El romanticismo

La etapa más “salvaje” y pasional es la etapa romántica, en la que nos sentimos obsesionados por nuestra pareja. Los bajos niveles de serotonina, que estabiliza el humor, como decimos arriba, facilitan que la dopamina y norepinefrina campen a sus anchas por nuestro cerebro. Estas dos hormonas provocan cambios de humor, euforia y motivación por conseguir un objetivo, que, en el caso del enamoramiento, es la persona amada y el mantenimiento de la relación. Reforzar la relación de pareja y satisfacer al amado se convierten en nuestros objetivos en la vida.

El amor romántico es el amor de la obsesión y las relaciones intensas. Durante esta fase, idealizamos a la pareja y relación que tenemos con ella. Evitamos las emociones negativas que pudieran afectar a la relación, como, por ejemplo, el miedo a lo desconocido o juicio social. En definitiva, es el amor de Romeo y Julieta, en el que se va hacia adelante e ignoramos las opiniones en contra y dificultades que, para otros, desde fuera, son obvias. Aunque hay deseo sexual, se ha mitigado un poco, comparado con el de la fase de amor pasional, y no es el protagonista de la relación. En el amor romántico, el sexo es solo una parte de todo.

3. El compromiso

El cerebro acaba por acostumbrarse a la dopamina y norepinefrina, de modo que, poco a poco, vuelve a una situación más racional y menos apasionada e intensa. Es el importante paso a la etapa de compromiso y estabilización. Los miembros de la pareja no dejan de amarse, pero recuperan su autonomía e individualidad. Ya no es tanto una fusión intensa, sino un llevarse de la mano uno al otro con amistad y compañerismo. Salimos del dormitorio, abrimos las ventanas y empezamos a mirar hacia afuera. Vuelve a haber aficiones e intereses personales y llegan la familia y los amigos del otro. Bajamos de la nube y empezamos a pisar el suelo. Es como si, antes del amor, tuviéramos una vida, que olvidamos al entrar en pasión y romanticismo y ahora queremos recuperar… pero siempre con nuestra pareja.

Pero eso también implica que empiezan a salir a la luz cosas que antes pasábamos por alto o, incluso, no veíamos. Ya lo sabes: “el amor es ciego”. Empezamos a ver cosas que nos disgustan y costumbres que chocan con las nuestras y surgen los primeros roces. La presencia de la familia y los amigos puede traer motivos de conflicto. Si hay convivencia, empiezan a surgir los primeros choques por las tareas del hogar. Estamos estabilizando la relación y limando las asperezas. Por eso, es el momento de usar las habilidades relacionales y la diplomacia.

Los conflictos se van arreglando y amoldando, a medida que aparecen, y se crea un vínculo formal y maduro, el compromiso. Un compromiso en el que la pareja asume que es mejor estar juntos y solucionando los problemas que abandonando las cosas a su suerte. En el amor comprometido, queremos el bienestar.

4. La compañía

Con el paso del tiempo, la relación se asienta y el sentimiento de amor “se sosiega”. El cariño persiste y el amor existe, pero se han reducido mucho la pasión, el romanticismo, el sentimiento erótico y el morbo. Nuestra pareja ya no es una novedad para nosotros y eso resta incentivos. Se presenta la monotonía y se tienen menos relaciones sexuales. Es un amor sereno, tranquilo, experimentado y de compañerismo.

¿Hay menos pasión? Sí. ¿Hay menos sexo? Sí. Pero lo compensamos con el compromiso a largo plazo y asentamiento y eso incluye el cuidado de los hijos. Y, sin ese compromiso, no estaríamos aquí. ¿Te apetece pasar por todas estas fases?

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