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Las tentaciones de ser infiel

De dónde vienen las ganas de ser infiel

Ser infiel supone la apasionante aventura de adentrarte en una vida paralela, cuando no quieres renunciar a tu pareja oficial, ya sea por costumbre, comodidad, los hijos, el “qué dirán”… Pero necesitas algo que echas de menos en tu relación (básicamente, sexo), para qué vamos a engañarnos.

Las tentaciones de ser infiel

Si nos ponemos a indagar en las posibles causas que llevan a ser infiel, podríamos encontrar un repertorio más o menos extenso de motivos, que vamos a llamar menores, ya que quizá sobre todos ellos sobrevuele una gran causa que, a veces, no nos atrevemos a reconocer ni siquiera en nuestra más estricta intimidad: el enorme esfuerzo que requiere restringir las relaciones sexuales a una sola persona, durante las varias décadas que, con bastante frecuencia, es el tiempo que se prolonga un matrimonio o una pareja de hecho.

Ahora, sincérate contigo mismo/a: ¿no te parece que hay algo o mucho de cierto en esto? Tú, como le pasa a la mayoría, mientras lleves con mayor o menor soltura y agrado tu vida conyugal, tratarás rutinariamente con personas del otro sexo en el trabajo, el vecindario, los colegios de los niños, el gimnasio, las clases de inglés… Y qué fácil es que, tarde o temprano, alguien te resulte tan apetecible (y tú a ella/él) como para echar una canita al aire. Eso sí, sin más compromiso que el disfrute de ese sexo de alto voltaje que ya casi te cuesta recordar cómo era.

Además, tenemos que reconocer un detalle crucial para entender esto de ser infiel: en el campo de la infidelidad, lo que subyace, muchas veces, es una falta de comunicación entre los miembros de la pareja porque -no nos engañemos- el sexo sigue teniendo mucho de tabú en nuestra sociedad y no se admiten ciertas cuestiones que, por la propia naturaleza de las personas, están ahí y no hay quien les ponga freno.

Una convivencia en familia, con un proyecto común e hijos que sacar adelante, ¿tiene que irse al traste, simplemente, porque se interponga una necesidad casi fisiológica de ampliar la experiencia sexual con alguien con quien no exista vínculo sentimental alguno? Pues, honestamente, parece desproporcionado. Es como no dar valor al resto de las cosas.

Y, por otro lado, como residuo de esa cultura machista de la que todavía no nos hemos desprendido del todo, suele darse en los hombres esa doble moral que consiste en que “yo te exijo a ti que seas mi esposa decente, pero me lo puedo montar con otra que puede estar también casada y a la que supongo libertad sexual”. Y ese es uno de los principales hándicaps, en las relaciones de pareja.

Consejos para no ser pillado/a

En los portales web de encuentros para personas casadas (como Fuego de Vida, que ya supera los seis millones de usuarios), saben perfectamente que la inmensa mayoría, cerca del 90 %, de la gente que se ha atrevido a ser infiel, ha conseguido mantener el secreto sin que su pareja se haya enterado. Aunque, en este aspecto, se da una cierta diferencia de sagacidad a favor de las mujeres, al parecer, capaces de camuflar eficazmente sus aventuras extraconyugales en un 95 %, contra el 83 % de casos en los que lo consiguen los hombres. Quizá estos se pierdan en sus impulsos y en que, a veces, se les va la fuerza por la boca.

Vamos a apuntar algunos tips que pueden resultarte útiles, si te sumas al clan de los infieles:

Evita a toda costa enamorarte de tu amante

Si tienes claro que solo aspiras a un rollo sexual, márcate límites sentimentales bien definidos. Está bien que te diviertas con tu amante, hasta donde puedas sacar huecos en tu tiempo para estar con ella/él, pero, aunque os resulte posible, no os perdáis en cenas románticas ni escapadas de fin de semana, que pueden hacer que te enganches más de la cuenta.

Todas las precauciones son pocas

Cualquier detalle, por tonto que te parezca, puede dejar a tu pareja alguna pista de que tienes algo entre bastidores. Ya sabes, mensajitos en el móvil, aroma a un perfume desconocido… Y, aunque tengas amistades con las que haya un alto nivel de confidencialidad, rehúsa contar tu experiencia porque nunca puedes tener la seguridad de que alguien no va a irse de la lengua.

Por supuesto, te recomendamos que prescindas de tu ordenador, móvil y tablet para los contactos que mantengas con tu amante. Lo mejor es que te hagas con un teléfono con tarjeta prepago y lo guardes en algún lugar al que, en condiciones normales, tu pareja no vaya a tener acceso.

Elige bien con quién te lo montas

Es cierto que, posiblemente, no domines esa elección porque el asunto surge con quien surge y ya está. Pero, hasta donde puedas manejarte, si de lo que se trata es de quitarte el calentón permanente que llevas, por tus ganas de tener sexo con personas distintas a tu pareja, intenta enrollarte con alguien que también esté casado, pues, en el peor de los casos, tendrá tanto que perder como tú y colaborará mejor en seguir estrategias para que no os pillen vuestros respectivos cónyuges.

Confórmate con uno solo y pocas veces

Por muchas ganas de sexo que tengas, no es prudente tener más de un amante a la vez. Por muy emocionado/a que estés con el que ya tienes, piensa que, si te surge otra oportunidad y entras al trapo, los riesgos de meter la pata por pérdida del control de algún detalle se elevan. Y, además de tener un solo amante, otro consejo importante es que no apures en exceso los encuentros. Déjalos en una o dos veces al mes como máximo.

El dramaturgo irlandés Oscar Wilde dijo que “el mejor medio de desembarazarse de una tentación es ceder a ella”. Si encuentras a alguien que, verdaderamente, te produce fuerte atracción sexual, ¿por qué vas a luchar contigo mismo por ignorar esa atracción? Si bien ser infiel está fuera de la moral oficial de la sociedad, que, de manera hipócrita, no comprende otra cosa que la fidelidad como una de las obligaciones sagradas de una pareja, tener una infidelidad es un balón de oxígeno en nuestra rutina y ni muchísimo menos debe ser considerada una traición.

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